"Soy de una tierra mudéjar,
antigua como el carbón;
soy judío, griego, moro,
celtibérico soy yo".
(J. Carbonell)


UN PASEO POR LA HISTORIA MEDIEVAL
Hace ochocientos años...

Iberas e hispano-romanas fueron las primeras colonias que dejaron su huella documental en la geografía de Puertomingalvo; las fuentes históricas -escasamente atendidas- que estos grupos humanos legaron a la posteridad emplazan sus restos en sendos lugares estratégicos, Los Castillejos o ruinas del Mas Royo y El Montañés. El yacimiento de Los Castillejos delata la presencia de un poblado ibérico, que ocupó la zona hace unos dos mil doscientos años, del que se conservan los restos de tres torres, un foso, muros de alguna vivienda, ciertos tramos amurallados y pequeños fragmentos de cerámica.

Los asentamientos ibéricos fueron absorbidos, con mayor o menor celeridad, por la progresiva romanización de la amplia comarca del Ebro; fruto de la presencia romana en la zona es la necrópolis del Montañés, una pequeña partida cercana al actual emplazamiento del casco urbano, que testifica la presencia de un grupo preocupado por la dimensión religiosa: en 1970 se recuperaron cuatro estelas funerarias con inscripciones latinas cuya datación se sitúa entre los siglos segundo y tercero de nuestra era. Actualmente las lápidas están custodiadas en la capital de la provincia.

Mayor hondura, calado y significación histórica dejaría en este territorio la presencia de una tercera fuerza humana, la de los musulmanes; en sentido estricto la historia de Puertomingalvo se inicia, textualmente, con la dominación, convivencia más o menos pacífica y ulterior expulsión de este pueblo.
Algunos aragonesistas sostienen que el castro de Abingalbon fue conquistado, por Alfonso II el Casto, a las huestes almohades hacia 1181, al mismo tiempo que Linares y Mosqueruela, y entregado a la custodia de los templarios, el supuesto señorío ejercido por la orden del Temple en el castro de Puertomingalvo fue efímero porque en 1202 el obispo y cabildo de Zaragoza recibían la carta de donación de manos de Pedro II.

El 30 de abril de 1202 puede considerarse el acta fundacional de Puertomingalvo. Raimundo de Castrocol, obispo de Zaragoza, recibía del rey Pedro II de Aragón los castillos de Puertomingalvo y Linares para poblarlos. En la copia del acta de donación, conservada en el Archivo diocesano de Zaragoza, se fijan los términos arrebatados a los sarracenos y la reserva regia de una porción de tierra de ambos castros:

Manifestum sit cunctis, quod ego Petrus, Dei gratia rex Aragonun, comes Barchinone, per me et per omnes succesores meos, cum presenti conscriptione, inviolaviliter et perpetuo duratura, concedo, Domino Deo laudo, atque dono, et tibi Raymundo Cesarauguste episcopo, et totius eiusdem sedis conventui presenti atque futuro, omnibusque successoribus tuis, in frontaria sarracenorum castrum de Linares et castrum de Avingalbon, quibus duobus castris hujusmodi dono et asigno terminos: (...)

Quod illa populetis, construetis et edificetis ad incrementum Christianitatis et ad defensionem regni mei et sarracenorum confusionem et ut illa habeatis, teneatis et perpetuo possideatis ad servitium et fidelitatem meam et meorum; retineo tamen michi et meis in unoquoque predictorum castrorum ad propriam dominicaturam et ad unius anni vicem decem jubatas terra in meliore loco et in terminatione quam eligi poterit.


traducción: "...Sea conocido por todos, que yo Pedro, por la gracia de Dios rey de Aragón, conde de Barcelona, en mi nombre y en el de todos mis sucesores, con el presente documento, de manera inviolable y duradera a perpetuidad, te concedo, -alabo al Señor Dios- y doy, a tí, Raimundo, obispo de Zaragoza, y a todo el Cabildo de la misma sede, para el presente y futuro, y a todos tus sucesores, en las fronteras de los sarracenos el castro de Linares y el castro de Avingalbon, a cuyos dos castros doy y asigno los términos de este modo: (...)

Que aquéllos pobléis, construyáis y edifiquéis para defensa de mi reino, incremento de la cristiandad y confusión de los sarracenos y para que los tengáis, retengáis y poseáis perpetuamente para mi servicio y fidelidad y de los míos; retengo, sin embargo, para mí y los míos en cada uno de los dichos castros para propio dominio, y para la vez de un sólo año, diez yugadas de tierra en el mejor lugar y término que se pueda elegir".


No hemos hallado documentos, testimonios ni huellas de esa previa entrega a los templarios. Sin embargo no parece improbable habida cuenta de que el propio monarca ya había dado el castro de Alcalá de la Selva al monasterio de Santa María de la Selva Mayor en 1174; diez años más tarde sus monjes otorgaron el fuero de población respetando la carta del monarca aragonés. Una coetánea actividad colonizadora (en 1183) propició que la mitra de Zaragoza extendiese la carta poblacional a la Peña de Aznar Lagaya, un extenso territorio que comprendía los términos de Mazaleón, Torre del Compte, La Portellada, Valderrobres, Fuentespalda y Beceite.

Villarluengo sería una de las últimas conquistas de Alfonso II en la extremadura turolense: en 1194 el lugar, establecidos sus límites, fue donado a la Orden del Santo Redentor; tres años después el Temple concedió el lugar a varios vecinos para que lo poblasen a fuero de Zaragoza.

La intensa acción reconquistadora emprendida por el rey Alfonso se vería completada con su sucesor Pedro II, conocido como el Católico: a ambos les cabe la responsabilidad de haber conseguido fijar un "cinturón de seguridad" (expresión acuñada por el profesor Antonio Ubieto) en las tierras de frontera con los sarracenos, que permitiría -en adelante- garantizar la defensa de las mismas y posibilitar las expediciones hacia tierras de Levante.

El Católico fijó, como se ha visto, los términos de los castillos de Linares y Puertomingalvo para que fuesen poblados; los límites de la carta de donación se extienden hasta Fortanete, ocupando parte de Valdelinares, Gúdar y, seguramente, Castelvispal.

Con anterioridad ya se habían anexionado a la corona aragonesa otros enclaves estratégicos de esta comarca: el lugar y castillo del Bos (ruinas en el término de Vistabella del Maestrazgo), en 1203: el castillo de El Mallo (inmediaciones del santuario de La Estrella, en Mosqueruela), en 1204, y la villa de Sollavientos (hoy lugar perteneciente a Allepuz), en 1205.

En 1261, bajo la intensa actividad conquistadora emprendida por el monarca Jaime I, y la consolidación definitiva del Reino de Valencia, el obispo Arnold Peralta -titular de la sede de Zaragoza- otorgó a Puertomingalvo su carta de población, en donde concedía, para los juicios, el fuero de Teruel.