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"Soy de una tierra
mudéjar,
antigua como el carbón; soy judío, griego, moro, celtibérico soy yo". (J. Carbonell) UN PASEO POR LA HISTORIA
MEDIEVAL
Iberas e hispano-romanas fueron las primeras colonias que dejaron su huella documental en la geografía de Puertomingalvo; las fuentes históricas -escasamente atendidas- que estos grupos humanos legaron a la posteridad emplazan sus restos en sendos lugares estratégicos, Los Castillejos o ruinas del Mas Royo y El Montañés. El yacimiento de Los Castillejos delata la presencia de un poblado ibérico, que ocupó la zona hace unos dos mil doscientos años, del que se conservan los restos de tres torres, un foso, muros de alguna vivienda, ciertos tramos amurallados y pequeños fragmentos de cerámica.
Mayor hondura, calado
y significación histórica dejaría en este territorio
la presencia de una tercera fuerza humana, la de los musulmanes; en sentido
estricto la historia de Puertomingalvo se inicia, textualmente, con la
dominación, convivencia más o menos pacífica y ulterior
expulsión de este pueblo. El 30 de abril de 1202 puede considerarse el acta fundacional de Puertomingalvo. Raimundo de Castrocol, obispo de Zaragoza, recibía del rey Pedro II de Aragón los castillos de Puertomingalvo y Linares para poblarlos. En la copia del acta de donación, conservada en el Archivo diocesano de Zaragoza, se fijan los términos arrebatados a los sarracenos y la reserva regia de una porción de tierra de ambos castros:
traducción: "...Sea conocido por todos, que yo Pedro, por la gracia de Dios rey de Aragón, conde de Barcelona, en mi nombre y en el de todos mis sucesores, con el presente documento, de manera inviolable y duradera a perpetuidad, te concedo, -alabo al Señor Dios- y doy, a tí, Raimundo, obispo de Zaragoza, y a todo el Cabildo de la misma sede, para el presente y futuro, y a todos tus sucesores, en las fronteras de los sarracenos el castro de Linares y el castro de Avingalbon, a cuyos dos castros doy y asigno los términos de este modo: (...) Que
aquéllos pobléis, construyáis y edifiquéis
para defensa de mi reino, incremento de la cristiandad y confusión
de los sarracenos y para que los tengáis, retengáis y poseáis
perpetuamente para mi servicio y fidelidad y de los míos; retengo,
sin embargo, para mí y los míos en cada uno de los dichos
castros para propio dominio, y para la vez de un sólo año,
diez yugadas de tierra en el mejor lugar y término que se pueda
elegir".
Villarluengo sería una de las últimas conquistas de Alfonso II en la extremadura turolense: en 1194 el lugar, establecidos sus límites, fue donado a la Orden del Santo Redentor; tres años después el Temple concedió el lugar a varios vecinos para que lo poblasen a fuero de Zaragoza. La intensa acción
reconquistadora emprendida por el rey Alfonso se vería completada
con su sucesor Pedro II, conocido como el Católico: a ambos les
cabe la responsabilidad de haber conseguido fijar un "cinturón
de seguridad" (expresión acuñada por el profesor Antonio
Ubieto) en las tierras de frontera con los sarracenos, que permitiría
-en adelante- garantizar la defensa de las mismas y posibilitar las expediciones
hacia tierras de Levante. En 1261, bajo la intensa actividad conquistadora emprendida por el monarca Jaime I, y la consolidación definitiva del Reino de Valencia, el obispo Arnold Peralta -titular de la sede de Zaragoza- otorgó a Puertomingalvo su carta de población, en donde concedía, para los juicios, el fuero de Teruel.
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